viernes, 16 de noviembre de 2012

La niña 

Había una vez una niña muy caprichosa, que harta de que no le dieran todo lo que ella pedía, decidió marcharse de su casa para  satisfacer sus deseos. Se llevó con ella todo el dinero que  guardaba y que eran 7 monedas.
Nada más salir de su casa se dirigió a la tienda a comprarse aquel vestido tan bonito del escaparate que su madre se lo había negado una y otra vez diciéndole que ya tenía muchos. Entró y le explicó al dependiente su deseo, pero éste, al ver lo pequeña que era la niña, pues no pasaba de los 10 años, y que no eran suficientes con las 7 monedas que traía, le aconsejó que regresara a su casa a por más dinero. La niña salió disgustada de la tienda, pero como estaba decidida a cumplir sus deseos, no tardó en pensar en el siguiente: ir a ver la película de la que tanto hablaban sus amigas y que su madre no quiso que la viera. Se puso en la cola de la taquilla y al llegar al final, la señora del otro lado del cristal le dijo que esa película no la podía ver los niños, por lo que no pudo entrar y salió una vez más refunfuñando. Entonces, pensó en un deseo que seguro, seguro, podía conseguir: comprar golosinas. Con todo ese dinero se llenaría los bolsillos de golosinas y estaría todo el día comiéndoselas.
En esto que cuando iba por la calle en dirección a la dulcería, vio salir a un anciano de un callejón que con la mano extendida le pedía dinero. Lo miró. Era la viva imagen de su abuelo, solo que más sucio y desarrapado. Se acordó entonces de su familia y de lo lejos que estaba de su casa y le dio una de las 7 monedas que llevaba.

"Gracias buena niña" -le dijo el anciano.
"Con esto podré comprar comida para hoy".

La niña, observando la cara de satisfacción del anciano optó por darle otras 5 monedas para que comiese otros 5 días, quedándose solo con una para comprar golosinas. Y así lo hizo.

Al regresar a su casa se fue directa al salón donde estaba la gran foto de la familia. Efectivamente, el anciano al que le había dado las monedas era la viva imagen de su abuelo.

Buscó a su madre y la encontró en la cocina. Allí le pregunto:

"Mamá, ¿donde vive el abuelo?".
"No lo sabemos" -dijo la madre. "Hace tiempo que no sabemos nada de el",  ¿por qué lo preguntas?.

La niña no contestó, se quedó pensativa y poco después se fue a su habitación.

Escrito por Jerónimo Pacheco Galván 

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